Este dolor es nuevo.
Me interno en lo desconocido de la irrealidad.
Planto mis pies más firmes que nunca,
los enraizo con vigor,
los conecto con la tierra.
Apelo a la sabiduría de las simples cosas,
me adhiero a los principios del mínimo saber.
Para navegar en aguas turbias uno tiene que estar claro.
Franco, de cara al Sol.
Terco, sin dar opción a la muerte.
Necio, con la espada empuñada.
De entrenamiento fatal,
real como puede serlo.
Letal,
como la misma vida.
Este dolor es nuevo.
Un día pregunté cuántas lágrimas tengo,
ojalá las hubiera contado porque hoy me las terminé.
Lloro la persona que veo escabullirse,
desbaratarse entre la arena,
derretirse entre mis manos.
Lloro lo imposible,
lo incontrolable,
lo inesperado y escalofriante.
Porque al firmar ciudadanía de la vida uno se atreve,
se atreve a la tragedia,
a lo absurdo,
a la nimiedad.
Lo dije una vez, y lo vuelvo a decir,
no haré más negra la noche,
no me resquebrajaré al ritmo del terremoto,
porque podrán arrancar una flor pero jamás detener la primavera.
Atravieso este nuevo dolor de frente y sin sombra,
lo permito,
me atraviesa mientras lo atravieso,
me desvive mientras lo desvivo.
Es esta incertidumbre, este terror a lo desconocido,
¿cómo podré recuperarme?
¿seguiré siendo yo?
¿tendré la fuerza, la inocencia, la valentía?
Tengo miedo.
Terror.
Este dolor es nuevo.
Mi corazón se ha hecho polvo.
Polvo franco, terco, necio,
de espada empuñada,
de cara al Sol.
Lacaravana-como el polvo-pasa
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