Me convertí en un monstruo de humo.

Pero la culpa ni fue del humo, ni de los monstruos, ni de nada, 
la culpa fue mía porque me olvidé del payaso del Metrobús, 
y de las frases del espejo retrovisor del chofer y del
olor de Aramberri en la piel y entre los cabellos. 


Y me olvidé de la gente que va al cine en familia y de 
de cantar camino a casa y de vuelta, 
de responder problemas filosóficos en el metro, 
de respirar un poquito más profundo.  


Pero ya me acordé,
tararará, el chico hizo malabares, tarará, el payaso me hizo reír y yo le dije
tonto payaso, payaso tonto. 


No fui yo, fue el monstruo de humo, 
el monstruo de humo que se fue.



lacaravanapasayelhumotambién



Comentarios