Veo un hombre y su cadáver andando el camino de siempre.
Ese esqueleto envuelto en capas miofasciales no logra engañarme.
Llevo estos ojos radiográficos conmigo percibiendo el baile de la vida y la muerte.
¿Combate, dices?
Baile, digo yo.
Bienvenido bebesito,
veo tus pequeños dedos que arrugados por el amnios dan la pista de tu ruta.
Ha nacido un anciano,
ha muerto un lactante y un niño, un joven y un señor.
El secreto del tiempo se muestra, extravagante, en la coalescencia del ser,
nos grita, nos invita y nos deja ver, pero no vemos.
El inicio y los finales se entregan plácidamente, conspiran, susurran, colapsan en un beso infinito.
El paseante ignora que la muerte es el amor continuado, que mientras los demás toman bandos,
ellos, despreocupados, explotan en una intimidad ilícita.
La caravana pasa.
28.7.2020
28.7.2020
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