Validación


¿Qué es ser válido?
Consistente, plausible, admisible. Apreciado, estimado. 
Valía: valor.

¿Es necesario sentirse válido?
¿Es necesario sentirse admisible?
¿Es necesario sentirse estimado?

Dejemos de pensar en si es necesario, pero ¿cómo se siente ser validado, admisible o estimado?

Generalmente sentirse validado, admisible y estimado se siente bien. Pero ¿qué hay de la contraparte? ¿Qué pasa cuando lo que hacemos no es validado, no es estimado, no parece admisible? ¿Qué pasa cuando lo que somos, no es validado? 

Ahora, ¿validados por quién? 

A grandes rasgos podemos encontrar validación afuera y adentro. Afuera es en los círculos sociales, amigos, pareja, familia, trabajo, academia, redes sociales, etc. Adentro es en sí mismo. Pero encuentro un tercer lugar que está adentro pero viendo hacia afuera, algo así como en lo que uno cree que el otro piensa, o lo que uno ha interiorizado de su entorno, tal vez es como un sitio de transición en donde los linderos de sí mismo y el exterior no se ven claramente. Es decir, puede ser que el que esté afuera me esté validando pero mi interpretación es que no, porque eso es lo que quiero ver y vice versa. 

Pienso que todo comienza con saberse válido a sí mismo, luego, si el exterior concuerda o no con uno mismo pasa a segundo término.

Si soy consciente de que no le debo nada a nadie, no le debo nada a la humanidad, no le debo nada al mundo, no tengo que tributar mi vida por algún pecado cometido, ¿qué haría? ¿qué haré? ¿qué quiero hacer?

En un fragmento del monólogo de Segismundo, de Calderón de la Barca leemos: 
¡Ay mìsero de mí, y ay infelice! 
Apurar, cielos, pretendo, 
ya que me tratáis así, 
qué delito cometí 
contra vosotros naciendo. 
Aunque si nací, ya entiendo 
qué delito he cometido; 
bastante causa ha tenido 
vuestra justicia y rigor,
 pues el delito mayor 
del hombre es haber nacido. 

Me llama la atención que inicialmente expresa no saber la causa de su culpa, ¿por qué ha de vivir sufriendo? Luego lo entiende, el exterior se lo hizo saber, le aplicó un rigor desmedido, ¿a dónde puede dirigir esas emociones? ¿cuál podría ser el objeto de este maltrato? Seguramente está en él. No. Seguramente es él. Sí. La culpa no puede ser borrada de él porque está entrelazada en su mismo ser. Seguramente merece permanecer confinado a la torre en la cual está aprisionado. Tal vez. Sólo hay un detalle. 
Que no.

Segismundo puede escapar de la torre, puede saberse inocente, puede saberse suficiente para habitar el mundo. No por nada vienen sus quejas, 

Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos  
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?

Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,     
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas alas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:¿y teniendo yo más alma, 
tengo menos libertad?

Nace el bruto, y con la piel 
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y cruel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor instinto
tengo menos libertad?

Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío:
¿y yo con más albedrío
tengo menos libertad?

Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad,
el campo abierto a su ida:
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión 
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan suave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?



lacaravana

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