Es sorprendente todo lo que puedes descubrir sobre ti mismo cuando das un paso fuera de casa. Cada viaje trae sus propias lecciones, algunas más suaves que otras, otras difíciles y crueles, pero lo que tienen en común es que si prestamos atención, todas son un viaje a la profundidad de nuestra naturaleza.
Cuando viajamos lo que hacemos es alejarnos del ruido, de lo conocido y nos adentramos a un mundo en donde no somos los mismos. Cambia el entorno y salen a la superficie rasgos, características, miedos y sueños que habíamos suprimido. ¿Quién tendría el orgullo y la insensatez de decir que ya se conoce por completo? Por eso hay que guardar humildad ya que no sabemos a qué situaciones nos expondrá el destino. ¿Quién podría juzgar al otro sabiendo que él mismo es débil y vulnerable? Por eso es más sabio detener la crítica en seco sobre asuntos que no nos corresponden. ¡Suficientes problemas trae consigo el existir como para interesarnos en los pormenores de la existencia del de al lado! Por eso hay que olvidarnos de la piedra y usarla únicamente si es para construir una choza.
Luego sucede que ningún viaje es dos veces el mismo, es como esa ocurrencia de Heráclito que no pierde validez por más que el tiempo pase de que nadie se baña dos veces en el mismo río porque ni el río es el mismo, ni él es el mismo que era la primera vez. Así es esto, fui a una playa y vi un paraíso, volví a ella un año más adentrada en mí misma y descubrí una tragedia. Lo que primero parecía el mayor festín de la libertad luego se convirtió en las palas de los que intentan hacer una escapada eterna sin darse cuenta de que cavan hacia el centro de su tumba.
¿De qué huyen tanto? Yo sé de qué, de lo que todos huimos: de sí mismos.
Los tres eternos borrachos del pueblo, uno rubio, uno tostado y otro más moreno, no había momento en que no sostuviesen su botella de cualquier alcohol, bailando en la plaza, gritando, dando tumbos. Sin conocerlo le hacen caso a Baudeliere: "¡embriagaos, de vino, de poesía o de virtud, pero embriagaos!" ¿Cómo huir de esta huida? Parece que llega un punto en el que el plan de escape se vuelve un laberinto en sí mismo y pocos son los que encuentran la salida antes de que sea demasiado tarde.
Tengo más por decir pero será después o quizá no será, la conclusión es simple: sólo somos humanos en una incesante búsqueda de un nosequé, sigamos buscando y veamos qué podemos encontrar.
La caravana pasa.
Cuando viajamos lo que hacemos es alejarnos del ruido, de lo conocido y nos adentramos a un mundo en donde no somos los mismos. Cambia el entorno y salen a la superficie rasgos, características, miedos y sueños que habíamos suprimido. ¿Quién tendría el orgullo y la insensatez de decir que ya se conoce por completo? Por eso hay que guardar humildad ya que no sabemos a qué situaciones nos expondrá el destino. ¿Quién podría juzgar al otro sabiendo que él mismo es débil y vulnerable? Por eso es más sabio detener la crítica en seco sobre asuntos que no nos corresponden. ¡Suficientes problemas trae consigo el existir como para interesarnos en los pormenores de la existencia del de al lado! Por eso hay que olvidarnos de la piedra y usarla únicamente si es para construir una choza.
Luego sucede que ningún viaje es dos veces el mismo, es como esa ocurrencia de Heráclito que no pierde validez por más que el tiempo pase de que nadie se baña dos veces en el mismo río porque ni el río es el mismo, ni él es el mismo que era la primera vez. Así es esto, fui a una playa y vi un paraíso, volví a ella un año más adentrada en mí misma y descubrí una tragedia. Lo que primero parecía el mayor festín de la libertad luego se convirtió en las palas de los que intentan hacer una escapada eterna sin darse cuenta de que cavan hacia el centro de su tumba.
¿De qué huyen tanto? Yo sé de qué, de lo que todos huimos: de sí mismos.
Los tres eternos borrachos del pueblo, uno rubio, uno tostado y otro más moreno, no había momento en que no sostuviesen su botella de cualquier alcohol, bailando en la plaza, gritando, dando tumbos. Sin conocerlo le hacen caso a Baudeliere: "¡embriagaos, de vino, de poesía o de virtud, pero embriagaos!" ¿Cómo huir de esta huida? Parece que llega un punto en el que el plan de escape se vuelve un laberinto en sí mismo y pocos son los que encuentran la salida antes de que sea demasiado tarde.
Tengo más por decir pero será después o quizá no será, la conclusión es simple: sólo somos humanos en una incesante búsqueda de un nosequé, sigamos buscando y veamos qué podemos encontrar.
La caravana pasa.
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