Y que el carro no avanza, y que me llaman, y que estoy a diez cuadras, y que corro casi toda Cuahutémoc, llego, y el carro no avanza. Pues que checamos los aceites y esas cosas de los autos, y que algo se há fregao. Sólo nos queda llamarle al Señor Grúa, pues le llamamos. Esperamos, esperamos, conversamos, esperamos. El Señor Grúa llega, nos lleva y con su brevísima plática nos sella palabras de vida.
Es increíble cómo uno puede aprender tanto si se atreve a comenzar la conversación... a escarbar un poco en el corazón.
Mi admiración para el Increíble Señor Grúa.
lacaravanapasa.
Es increíble cómo uno puede aprender tanto si se atreve a comenzar la conversación... a escarbar un poco en el corazón.
Mi admiración para el Increíble Señor Grúa.
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