A veces arriba, a veces abajo.

Probablemente quienes lean esta entrada ya han pensado, escrito, hablado y vivido, miles de veces sobre lo que el título pronto anuncia; los cambios que la locura de la vida nos brinda.

No pretendo decir nada nuevo ni resolver la vida en un mensaje brevísimo, más bien me incluyo entre esos quienes e intento expresar cómo me siento.

Este ha sido un día más en el que me ha tocado ver muchas cosas; -¡benditos ojos!- entre ellas vi a un hombre sentado dentro de un pequeño puesto de boletos de autobús a orillas de la carretera nacional. Era un puestito como de paletas de hielo, o como un carrito de hot dogs, apenas y cabía él. Mientras tanto en la carretera las ruedas no dejaban de rodar. Entonces pensé; a veces somos el vendedor de boletos, a veces el que viaja, a veces las ruedas y a veces no somos nada.

Luego, mientras comíamos, un señor pasó vendiendo esos monitos graciosos que están hechos de tierra, envueltos y sostenidos por una malla blanca y delgadita, de los cuales empieza a crecer hierba o zacate semejando el cabello del monito. (Después subo una foto del mío, se llama Bobby Marley - con respeto-) El punto es que, otra vez, pensé; podemos ser el que vende los monitos y viene desde Veracruz, podemos ser el que los compra, podemos ser el monito, o podemos ser nada.

Mi platillo tenía ancas de rana empanizadas, con las que empecé a simular el movimiento normal de una rana, y ¿qué creen que pensé? jaja. Sí, bueno.

Un niño como de 8 años vende elotes, la dueña del lugar le grita, un hombre choca su auto, un mesero casi cae con la bandeja en mano, una niña compra una paleta, otra pide trabajo, un chico vende periódico, una señora se maquilla.

Un consejero aconsejando hoy, mañana sumido en Diazepam y excesos.

Todo hablándonos de los cambios, cambios de lugar, cambios de tiempo. Cómo podremos jactarnos de algo cuando en realidad no tenemos nada. Cómo presumimos nuestra juventud si seremos los primeros consumidores de Revlon, Maybelline y cirugías estéticas, o de nuestro dinero si es papel que vuela más rápido que los diputados cuando se les descubre una jugada.(Nota: acabas de perder el juego.) Cómo presumimos nuestra bondad, alegría, disciplina si todo ha sido gracias al esfuerzo de muchos que han intentado formarnos para que tengamos ciertas cualidades. Cómo presumir sabiduría si sólo hemos logrado entender algo más que otros.

Todo es cambios, todo es posición, todo es sistema, es teatro. Actuamos a que somos los buenos, o a que somos los malos, a que tenemos dinero, o a que lo mendigamos, a que estamos bien, a que entendemos. Lo único que nos diferencia de los niños que juegan a ser doctores es que nosotros nos ponemos la bata y de verdad pensamos que somos superiores. Nos ponemos una corbata y ya somos los líderes del futuro.

Me enferma que nos engañemos diciendo que todo está bien cuando el mundo está en llamas, está herido y pide a gritos que lo salven. Me enferma que todo sea formalidades, que ponerte un saco te haga gobernador y que no importe que le robes a la gente que trabaja. Y ya que me salí del tema y estoy hablando de lo que me enferma; me enferma también ver a hombres de edad avanzada que apenas se mantienen en pie teniendo que vender paletas o semillitas en el camión todos los días, de sol a luna, para ganar algo de dinero. Digo, me alegra ver su esfuerzo, pero me enoja que sus canas no sean coronadas. Me enoja la mentalidad tan reducida que tienen muchos mexicanos, que piensan que no pueden, que no tienen sueños, y me enoja más que nadie los haya ayudado a despegar. Me enoja que cuando vemos que alguien tiene éxito queramos cortarle el ánimo, que el Gobierno le cobre más baratos los servicios(agua, gas, luz) a las empresas extranjeras con tal de que pisen nuestro suelo que a las empresas nacidas en el País. Odio los noticieros amarillistas que le preguntan a la madre cómo se siente después de que perdió a su hijo, así también odio las novelas de Televisa que sólo llevan a que el espectador piense con quién va a engañar Gustavo Adolfo a Maria Renata esta vez. Me enoja que muchas de las personas más preparadas intelectualmente ganen una miseria dando clases en un salón, luchando por que la generación que viene arregle lo que la pasada descompuso, mientras que los que supieron moverse y hacerse de amistades influyentes , aunque con menos preparación, por no decir que ninguna, ganan dinero al ordenarles qué hacer desde una posición de alto mando. Odio que el rico, por nacer rico sea intocable, y que el pobre, por nacer pobre sea el ladrón.

Como decía, todo es teatro, fingir que se sabe, que se hace, y qué buena onda que me acuerdo en este momento de Calderón de la Barca;

Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando,disponiendo y gobernando;y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe,y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte!¿Que hay quien intente reinar,viendo que ha de despertaren el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza;sueña el que a medrar empieza,sueña el que afana y pretende,sueña el que agravia y ofende,y en el mundo, en conclusión,todos sueñan lo que son,aunque ninguno lo entiende.


Hasta ahí le iba a dejar, pero para los que quieren quedarse con el buen saborcito de boca, ahí va el resto ;

Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado,y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción,y el mayor bien es pequeño:que toda la vida es sueño,y los sueños, sueños son.

Al fin y al cabo, lacaravanapasa.

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